
Otro de los sitios peligrosos por los que ando ahora con JM es el del que os voy a hablar hoy, el callejón de los piratas. L. le dijo a JM que no fuera por allí conmigo porque siempre había perracos sueltos, y nos podían atacar. Aunque JM, que está últimamente de un valor suicida (sólo le falta salir a la calle con una de esas cintas que se ponían en la cabeza los kamikazes japoneses antes del vuelo final), no hace otra cosa que llevarme todos los días por ahí. Y la verdad es que no he encontrado nunca un perro en dicho callejón, y tampoco piratas. Lo de los perros puedo entenderlo, pues tengo entendido que las mascotas de los piratas eran loros y cacatúas. Nunca he visto un pirata en la tele con un perro, ni siquiera de aguas. El que no estén los piratas también lo comprendo, pues estarán trabajando por ahí (si estuvieran en Cádiz, estarían parados, seguro). Lo único que está claro es que se trata de un callejón muy solitario y abandonado, de modo que, cuando paso por ahí me dan ganas de hacer cositas. Ya sabéis, agacho los cuartos traseros, arqueo un poco el lomito, y "toma -pienso entonces-, pa los piratas". No debo ser la única, porque, ayer, al pasar por allí, vimos que habían instalado unos urinarios de ésos portátiles para humanos ¡Qué humillación para los piratas! No me gustaría estar por allí si vuelven. Pero a ver cómo se lo digo a JM... Guau.
¡Qué bien! tengo una nueva seguidora, que se llama Paloma. Sé bienvenida.