SEMANARIO DE HUMOR CANINO INTERMITENTE

Imagen: Thurston Hopkins

miércoles, 14 de julio de 2010

PERRO DE TROYA (El enemigo en casa)






Os comenté hace un par de entradas mi alegría por la vuelta a casa de JM y L., pero también os decía que la felicidad no es completa. Y aquí tenéis la razón de ello: el peluche que le regalaron a L. estando todavía en el hospital, y que se trajo a casa. Este infecto muñeco hace gracietas diversas. Si le acaricias el mentón se pone a jadear, a ladrar y a hacer como que escarba el suelo; si le tocas una pata, ladra y levanta la otra, y si le acaricias la cabeza se agita y emite ladridos lastimeros y pelotas. Absolutamente despreciable.
El primer día, A. me lo puse delante de las narices para ver lo que hacía, y yo preferí despreciarlo olímpicamente, y saltar sobre las rodillas de JM.
Últimamente, empero, se lo enseñan a todas las visitas, y a éstas les hace mucha gracia el dichoso engendro infernal, y me ignoran completamente, por mucho que ladre (mi único consuelo ha sido que hace unos días vino la pequeña C., sobrina de L., y revoleó este bicho, arrancándole su collar). Es por eso, pues, que estoy cada vez más preocupada, pues pensándolo fríamente este monstruito no deja de tener ciertas ventajas sobre mí:
1) Está siempre quieto y callado, a menos que se lo toque. No hay, por tanto, que sacarlo a pasear, ni estar pendiente de que ladre a las visitas.
2) No sale a la terraza ni a la calle a hacer sus cositas. Es que no las hace, vamos. Las mías sí que hay que recogerlas (Yo misma lo haría si pudiera, pero, curiosamente, me apaño mejor con las tecnologías humanas más avanzadas que con las más simples: Para escribir en el portátil, por ejemplo, no tengo más que apoyarme sobre mis patitas traseras y escribo con las delanteras -no uso todos los dedos o uñas, como hace JM, pero también he visto a otros humanos que escriben con dos dedos-. No me sería posible, empero, manejar algo tan simple como una escoba y un escogedor... contradicciones de la técnica).
3) No hay que llevarlo nunca al veterinario, ni vacunarlo, ni cuidarlo si se pone enfermo, pues ni siente ni padece.
Es por todas estas razones por las que estoy muy mosqueada, y he llegado a pensar si no podría ser en un momento dado sustituida por...eso. Quizás vosotros, queridos amigos y amigas, tengáis algún consejo que darme para hacerme valer. Os lo agradecería inmensamente. Guau.

9 comentarios:

  1. Quequi, no hay competencia, eso es lo primero que tienes que pensar. Como en todo, si tú no te crees que lo vales, mal vamos. En cualquier caso, lista de tus ventajas:

    1. Tú te acercas para que te quieran y querer a JM, para dejarte acariciar o para lamerles las manos o los pies (al menos Olimpia hace esto, supongo que no es rara). El engendro ese no es capaz de acercarse así y buscar a los humanos.
    2. Tú tienes mirada, los ojos del engendro no miran, están fijos. Los tuyos, como los de todos los perros, buscan el contacto visual con su ama, con su amo. Búscale los ojos al engendro y verás que no tiene mirada.
    3. Tú saltarás a la cama en cuanto se descuiden, al sofá, o te pondrás en sus pies, a su lado incluso con el calor que hace. En ese "quítate, Quequi, que me das calor... que me agobias" hay algo de persecución que los humanos amamos, ese "no me quieras tanto" tan necesario. Que nos agobien un poco nos da gusto aunque digamos lo contrario.

    Podría seguir ennumerando hasta diez ventajas que tienes Quequi frente al engendro. Como en las mujeres y los hombres reales -frente a los perfectos, imaginados, de plástico en papel couché o en el cine... o en la casa de al lado;-)- por goleada gana lo real, siempre gana. Un abrazo a L, a JM, ellos saben lo que tienen contigo, no seas boba.

    Un abrazo, guapa

    ResponderEliminar
  2. Ni caso, Quequi... ni caso.
    Tu tienes corazon y eso A. L. o J.M. lo saben y eso es lo que te hace especial para ellos.
    Tu no respondes a un boton, tu cariño es sincero y espontaneo. Tu amas. Les amas.
    Lo demas es pasajero.
    Ten paciencia, pasara.
    Los humanos somos asi.

    Besitos cielo. De mi "minino", tambien.

    ResponderEliminar
  3. ¡Jolines Quequi que susto me habías dado…! yo preocupada por ti, y tu preocupada por el peluche ese…, mira tú tranquila que en nada se llena de polvo y hay que lavarlo…, esta operación hay que repetirla continuamente y al final están hechos un trapo y hay que deshacerse de ellos sin remedio…, y además el mecanismo se chascan muy pronto.
    Y además no saben subirse a las rodillas de JM ni dar lametones…
    Paciencia…

    Besitos.

    ResponderEliminar
  4. Muchísimas gracias, queridas amigas, por vuestros comentarios, que me dan muchos ánimos y me dan más confianza en mí misma. La verdad es que a veces tengo poca autoestima, y me pregunto constantemente si me siguen queriendo o no. Pero con amigas como vosotras sé que el cariño no me faltará.
    Muchos besitos.

    ResponderEliminar
  5. No agobiarse ni una micra, Quequi. El engendro es un engendro. Nosotras ayudamos mucho a que estos pobres y limitados humanos sean un poco más felices, tolerantes y mejores personas.
    Lams

    ResponderEliminar
  6. Muchas gracias, Nora, intentaré animarme, pues tú eres del gremio.
    Lametones.

    ResponderEliminar
  7. Y si le muerdes qué hace???...

    Lametones mallorquines.

    ResponderEliminar
  8. Hola, Nany,
    La verdad es que no lo he mordido, porque no vayan a reñirme, y porque soy perra ladradora, pero poco mordedora.
    Lametones gaditanos.
    Y sé bienvenida.

    ResponderEliminar
  9. No sé Quequi, yo de tí haría de la adversidad una ventaja y trataría de hacerme valer apropiándome de algunas de sus virtudes, por ejemplo:
    ¿has probado a dejar de ladrar a las visitas...?
    ¿y qué tal si dejaras de subirte al sofá o a la cama?
    Nunca se sabe Quequi,quizás este sea el primer aviso de la llegada de los clones, o replicantes tipo Blade Runner (¿sueñan las Quequis con ovejas eléctricas...?, yo de tí tomaría buena nota y me esmeraría un poquito en portarme mejor.

    ResponderEliminar