
Diréis quizás que soy un tanto monotemática, pero anoche soñé con una crêpe de chocolate faite maison que estaría en la mesa esta nochevieja. Parece que les he dado lástima, y me quedaré en casa de V., aunque venga el pequeño C., que es alérgico a mí. Dicen que me mantengo alejado del ñiño, y es cierto que estoy lejos del chico... porque estoy pegada a la mesa. Si Noche Buena es una Sodoma gastronómica, Noche Vieja ya es la reoca, la Gomorra de las cenas (sea lo que sea lo que hicieran en esa ciudad de infausta memoria, que no se sabe), así que me voy ya relamiendo, después de mi éxito del 24, donde caté el jamoncito. Ya me han quitado la pasada, pero tengo un variado registro de gruñidos y llantos lastimeros, que le ablandarían el corazón al mismo Atila. Voy husmeando, pues, yendo de la cocina al salón, y del salón a la cocina, y así hasta que lleguen todos. ¡Jesús, qué estrés de fiestas! Guau.
¡FELIZ AÑO NUEVO, AMIGOS Y AMIGAS!