
Tras estar varios días sin internet, me entró un hambre espantosa. V. me dio un ala de pavo del puchero, antes de que llegara JM el jueves pasado; entonces anunció una buena noticia sobre la salud de una sobrinita de L.; para celebrarlo yo también (ya que nadie quiso compartir conmigo el parabién) agarré un hueso de pavo que se le cayó a V. de la basura. Con paso garboso e inadvertidamente, me lo llevé al cuarto de baño. Cuando se dieron cuenta V. y JM, ya era tarde, pues me había atrincherado bajo la banqueta del baño, y lo estaba desmenuzando ruidosamente entre mis colmillos, y no dejé ni la muestra.
JM se mostró preocupado, y le dijo a V. que me observara, y que lo llamara si me veía ponerme mala por haberme papeado un hueso como el que veis en la foto (¿se creerán que estoy pelleja como las duquesas de la tele?). Al contrario, me sentó muy bien, aunque no voy a contaros lo que hice con él, pues ya os lo podéis imaginar... ¡A ningún otro perro con ese hueso! Guau.