SEMANARIO DE HUMOR CANINO INTERMITENTE

Imagen: Thurston Hopkins

lunes, 27 de febrero de 2012

FASHION VICTIM










Sí, lo estoy siendo a mi pesar. Desde que han cogido la costumbre de llevarme a la peluquería para que me laven, cada vez lo hacen con más frecuencia. Todos dicen: "¡qué guapa está la Quequi!", y la peluquera prueba conmigo toda su colección otoño-invierno de pasaditas. Ya quedaron lejanos los tiempos en que me rapaban al cero, y pasaba más frío y vergüenza que Tarzán en Groenlandia, y ahora, ¡a la vejez, viruelas! Estoy empezando a coger complejo de perra de Paris Hilton. Jesús, ¡qué cruz! ¡lo que tiene que hacer una para estar a la moda! Guau.






domingo, 19 de febrero de 2012

ESTAMPAS CARNAVALESCAS











Como cada febrero ha vuelto el carnaval. A JM no le gusta demasiado; sin embargo, a L. le chifla, por lo que me veo entre la espada y la pared. Es cierto que hay inconvenientes, como la turbamulta de gente, que no me dejan dar el paseíto con tranquilidad, y que me hacen la competencia en cuanto a mear por las esquinas (y también en lo que se dice en lo de estar como una perra en celo; si no, fijáos en cómo han cambiado el letrero de un banco, donde, que yo sepa, sólo dan -o quitan- dinero -ya sabéis, esos insulsos papelitos que llevan los humanos a todas partes, ¡y luego dicen que yo estoy muy apegada a mis juguetitos!); pero no dejar de ser verdad, asimismo, que guarda cierto encanto, sobre todo para mi agudo olfato: ayer, al pasar por la calle de JM, me vino una incomparable mezcla de olores entre chicharrones fritos y meados que me dejó extasiada por su novedad, y en otro lugar, vimos salir a unas extrañas figuras de una casapuerta, y L. dijo: "¡mira, son los mojones!", y se acercó a ellos para felicitarlos por su actuación en el Teatro Falla, y decirles que habrían merecido el primer premio (quizás fue demasiada la tentación para el Jurado el decir: "un mojón pa ti"). Los zurullos de tamaño humano le dieron las gracias, y se alejaron calle abajo como si tal cosa. Lamentablemente, JM no me dejó acercarme a ellos para olerlos, y darle la razón o no a L. Ya estaba acostumbrada de otros años a los hombres pollo, que vuelven como las golondrinas, pero esto ya... en fin, ¡feliz carnaval! Guau.


domingo, 12 de febrero de 2012

LA INTRUSA













Cuando falto de casa de JM empiezan a ocurrir cosas extrañas, ¡no resulta que A. vino una tarde con un amigo y una... intrusa! No, esa que veis no soy yo con un nuevo tinte y con alzas, sino una cachorra de seis meses (no quiero imaginar qué tamaño tendrá con dos años) llamada Prada. Este amigo de A. saca a la perra a pasear pues sus dueños ahora no pueden, y subió a casa. La intrusa estuvo correteando por mi terraza, olisqueando mis plantas, y tumbándose en mi suelo... tuvo suerte de que yo no estuviera allí, pues habríamos tenido unas palabras, digo, ladridos. ¡Cualquier día me encuentro allí a César Millán!








P.S.: estoy ahora un poco preocupada por Prada, pues parece que los dueños no pueden ocuparse mucho de ella, y están pensando, según A., en devolverla a la Protectora de donde la sacaron. Espero que no sea así, y que el amigo de A., que le ha cogido cariño logre convencerlos ¡suerte amiga Prada! (pero ojo, no vuelvas por aquí sin mi permiso). Guau.


domingo, 5 de febrero de 2012

CASTIGADA

















Me resulta increíble verme castigada a mis años, pero así ocurrió hace unos días. Llegaron a casa la hermana de L., con su marido y sus dos niñas pequeñas, C. y A., de tres y un año respectivamente, y otros tíos, y me encerraron en la terraza, porque me puse a ladrarles. Pero, a ver, todo tiene una explicación: la mayor se ponía a decir que ella era una princesa (lo que me parecen ya muchos humos), para inexplicable regocijo de todos los adultos presentes, y la pequeña A. (que está aprendiendo a andar) hinchaba los carrillos como si los tuviera llenos de sopa, y no hacía más que llamar "papá" a todos los varones de la reunión, y "mamá" a todas las mujeres (¡así como para equivocarse!), de modo que no tuve más remedio que ladrarles a las niñas, para ver si espabilaban (yo a su edad no era tan "huevona", y sí más espabilada). La única recompensa que obtuve, sin embargo, fue verme encerrada en la terraza, en la que no me sirvió de nada rascar el cristal, mientras dentro bebíaN cafelito, y se hinchaban a pastelitos. Todo eso viendo, además, cómo L. usaba una bandeja que, previamente ¡había decorado con fotos mías! Si me queréis, ¡tenedme en carne y








hueso, leche! Guau.