
Ya me pica otra vez... ¡venga, a rascarse, toca! El picor se me corre de un lado a otro y no doy a basto... ¿qué es lo que me pasa? Me quedo mirando a JM, y éste parece no darse cuenta. Al fin, le comenta a L. que me estoy rascando mucho últimamente, y ésta le comenta distraídamente que igual me pica como a las personas. Luego, JM me lleva a casa de V. y le dice que me observe. Sigo rascándome, de todas maneras ¿por qué me pica? Entonces, llega O., el hermano pequeño de JM. De éste dicen que tiene malas pulgas cuando se enfada, y que es "el único que me entiende". Así, que me quedo quietecita mientras me coge y comienza a "expulgarme", como dice V. (pero, ¿en qué quedamos?¿no era O. el que tenía las malas pulgas?). Al rato, ¡oh, sorpresa! me encuentra una "pulguita", una, ¡será canalla! ¡con lo que me picaba! Me la quita, y me quedo... bueno, ya sabéis el refrán...
Al día siguiente vuelven V. y O. con una cosa que llaman "pipeta" -historia que se repite más o menos cada mes-, y que contiene un líquido maloliente, que O. (no es cuestión de resistirse y me quedo muy quieta), me extiende tras hacerme la raya en medio hasta la cola. ¡Lo que tengo que hacer para darles gusto, y se sientan útiles! Guau.
















