
No, lo que estáis viendo no es una obra de Francis Bacon, sino a mí en un ataque de "celo". JM estaba preocupado de ver que no menstrúo aunque tenga todos los síntomas del celo, así que decidió llevarme a la veterinaria. Sí, se que estaba evitando yo hacer más entradas en esta sección tan poco simpática para mí, pero esta vez no he podido evitarlo. No me llevaban a la clínica desde antes del verano pasado, así que me llegó la hora. Allí estaba la veterinaria L., que dijo que me veía estupenda y guapísima (¿me puedo ir entonces?), y, acto seguido, sacó su jeringuilla para ponerme la vacuna anual, al tiempo que me decía que lo me ocurría quedaba dentro de lo normal. Pinchazo y a casa. En ella, sin embargo, me hizo reacción la vacuna, y me puse malita; JM se asustó pues me vió muy paradita, y quejosa, de modo que estuvo conmigo despierto hasta las 4 de la mañana en el sofá, cuando empecé a moverme, y a ir a hacer pipi a la terraza. Ya por la mañana estaba yo ladrando de nuevo a todo quisque, y robando calcetines.
He estado toda esta semana en casa de JM, pero éste se va el miércoles al extranjero con un intercambio escolar durante diez días, así que volveré a casa de V., donde no hay internet, por lo que no podré escribiros esos días, queridas amigas y amigos. Pero volveré (si Dios quiere), como dijo Mc Arthur en Filipinas, y... Terminator.
Entretanto, ¡felices sueños, O. junior!
