
JM y V me llevaron de nuevo al Hospital Veterinario, para que me pusieran otra nueva inyección. ¡Uf! tengo ya más agujeros que un colador. L., la veterinaria, dijo que me veía bastante mejor, aunque debía seguir con el tratamiento. JM, que tenía el día gracioso, se acordó de que me tocaba la vacuna anual en noviembre, y entonces L. le dijo que se podrían poner las dos inyecciones en la próxima cita, dentro de 15 días. ¡Muchas gracias, JM, tendré un 2 por 1, y no precisamente de hamburguesas! Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, aunque creo que no se puede decir "viceversa". Espero, en todo caso, que sirva para algo, y que no siga perdiendo pelo a la misma velocidad que Kojak, y no me quede, pues, como en esta foto que veis de uno de esos pelados carcelarios que me hacían antes (ahí tuvieron que ver algo las protestas de Aurora y Olimpia).
Me parece que si hay un colectivo humano amante de los perros es el de los taxistas. El que nos llevó a la clínica, se puso a hablar de su perro que tenía 17 años, y ya estaba un poco achacoso. JM dijo que un amigo tenía un perro de aún más edad, y que se murió ciego y de viejo. Al parecer la noche antes se dedicó a pasear por todas las habitaciones de la casa, y quedarse un rato en cada una. El veterinario le dijo luego al amigo de JM que lo que había hecho el perro era despedirse, pues sabía que se iba. A muchos humanos les da miedo la muerte, y prefieren no pensar en ella.
Yo que cumpliré pronto 7 años, espero dar aún mucha guerra, ¡y vosotros que la leáis! Guau.














