
Le escuché esta frase a un humano en una película, que se deslizaba pendiente abajo sin frenos. Yo, que me las prometía tan felices en Nochevieja, he tenido un mal comienzo de año. Espero que no sea mi annus horribilis, como decía la Reina de Inglaterra. Resulta que empecé a sentir picores por todo el cuerpo, y me molestaba un ojito. JM dijo que lo tenía casi cerrado, y se preocupó. Mandó a A. a una farmacia a comprar suero para limpiármelo, y se me alivió un poco el dolor. Pero ya sabéis que soy un poco puñetera, y como no me gusta que me echen ese líquido en el ojo, me he escondido debajo de mesas y sillas para que no me cogiera. El ojito se me puso mejor, y, en cuanto pudo, JM me llevó a ver a la veterinaria L. Ésta me examinó la córnea para ver si estaba dañana, y tras ver que no, me recetó un colirio para mi conjuntivitis. Comprobó que tenía de nuevo pioderma, y le dijo a JM que esta vez ibamos a probar con un antibiótico en pastillas más fuerte que el de las inyecciones. La pastilla me la tomé como me suelen dar coba éstos, es decir, disimulada en una salchichita, pero, al cabo del rato, la vomité. No me sentó bien. JM habló con la veterinaria, y ésta le dijo que lo intentara otra vez, y si volvía a pasar lo mismo, que me llevara a ponerme un inyectable. Pasó lo mismo, y "eché la pota", como dicen los chavales. Así que me veo la semana que viene otra vez en el taxi, temblando de miedo. Para más inri, los taxistas estuvieron sin soltar prenda, y ni siquiera me echaron un piropo. De modo que al que nos trajo de vuelta le ladré al salir del taxi, por antipático. En fin, espero que pase pronto esta rachita. Sobre el día de Reyes ya os contaré en otra ocasión, que estoy un poco cansadita.
Bueno, no todo es malo, pues tengo una nueva seguidora, Carmen Avram ¡Bienvenida!









