
JM y L. estuvieron en Madrid el fin de semana pasado, y volvieron hablando maravillas de Aurora y Olimpia. Aurora les sirvió de amable cicerone y les llevó a ver lugares muy interesantes como los conventos de la Encarnación y las Descalzas Reales, la casa-museo de Sorolla, y el museo de la fundación Lázaro Galdano (sitios en los que, por supuesto, no dejan entrar a las perritas, aunque sean curiosas como yo); también comieron muy bien por lo visto (lo que ya imaginaréis que me da aún más rabia). L., particularmente, se puso a compararme con Olimpia, la mascota de Aurora, y dijo que aquélla era más buena que yo, y que nos les ladró un solo momento cuando fueron a visitar la casa de Aurora, a diferencia de lo que yo hago con las visitas. Tras la muerte de su anterior mascota, Pepa, Aurora fue a un refugio canino, y adoptó al animal que llevaba allí más tiempo, que resultó ser Olimpia. Ésta había sido abandonada después de haber parido, y estaba tremendamente nerviosa y desorientada. Les dijo Aurora a JM y L que los perros negros son menos adoptados, y Olimpia, además, pesa unos 40 kgs.
No me gustó mucho que L. hiciera comparaciones, que siempre son odiosas. Ciertamente, Olimpia es buena, pero ella pesa lo suyo, y yo sólo 4 kgs. y medio, así que de algún modo tengo que hacerme notar ¿no? Pienso, sin embargo, que hay más semejanzas que diferencias entre ella y yo, pues a Olimpia también le gusta tumbarse en el sofá y echarse allí un siestorro de no te menees, le gusta también que la acaricien, y pone una cara muy parecida a la mía cuando ronda la mesa a ver si le dan algo, como podéis ver. Aunque es cierto que a ella no la pueden coger en brazos tan fácilmente como a mí ¡je, je! Bueno sigo husmeando en las fotos que trajo JM pues al parecer comieron una cosa muy rica que se llama cocido madrileño, y quiero saber lo que es. Muchas gracias, Aurora y Olimpia, por cuidar de JM y L. Espero conoceros algún día. Guau.













