SEMANARIO DE HUMOR CANINO INTERMITENTE

Imagen: Thurston Hopkins

jueves, 26 de enero de 2012

DOS AÑOS DE BLOG, ¿NO SON NADA?








Hoy hace justamente dos años que me decidí a emprender esta aventura bloguera. Siendo una perrita, podría parecer pura presunción escribir un blog como hacen tantos humanos. No obstante y a pesar de todo, ya van dos años que cuento mis cositas (ciertamente no tan importantes como las de otros blogs en los que se habla de lo divino y de lo humano -aunque no falten las purras chorradas, o la mala leche, algo, por otra parte, muy humano-). Quiero desmentir una vez más que sea mi amo JM el que escribe mis entraditas (aunque cualquiera que viera lo aburrido que es su blog descartaría esa absurda idea), pues ya algunos han querido pedirle un volante para Salud Mental, y algunos vecinos no quieren montarse con él en el ascensor. Y, sobre todo, muchísimas gracias a todos vosotros, queridas amigas y amigos, que seguís y comentáis este blog con tanto cariño y generosidad. Guau.

sábado, 21 de enero de 2012

¿UN NUEVO AMIGUITO?




















Ya os dije la semana pasada que los Reyes me han traído muchas sorpresas; una de ellas fue al volver a casa de JM, donde L. y A. insistieron mucho en presentarme a alguien (con cierto recochineo de su parte, para variar). Héte aquí que me veo en la habitación de A. con... un nuevo amiguito (según ellas): un canario que emitía trinos, gorjeos, escalas y arpegios (o como se diga), el Pavaroti de los canarios, para entendernos. En una película de gángsters que vi uno de los mafiosos decía: "si no entiendes algo, dispara", así que yo, como no entendía nada me puse a ladrarle, pero no se callaba el tío en su jaula. Salté a la cama para verlo y olerlo más de cerca, y me pareció poca cosa, y no me gustó el olor a alpiste húmedo, de modo que pasé de él. Lo han llamado Currito, por la antigua perra difunta de L., Currita, lo que me da un poco de yuyu. Parece que se ha convertido en el rey de la casa, de momento, y todo el mundo está esperando como carajotes a que el tipo cante. Yo, mientras no me quite la comida, lo voy tolerando al relamido ese de canario. ¡qué le vamos a hacer! Guau.

domingo, 15 de enero de 2012

LAVAR Y MARCAR













Estuve, como ya os dije, en la comida del día de Reyes (que me ha traído otras sorpresas que os contaré más adelante), pero con la condición de asearme, y llevarme a la peluquería. Y he aquí que JM recorrió la escasa distancia que nos separa de la tienda de mi "amiga", que no es que me trate mal, pero a la que preferiría ver por Facebook, Sky (o como se diga), video-conferencia, o de visita los domingos. La verdad es que esta vez iba bastante "greñúa", y me colocó en ese aparato que recuerda sospechosamente a una horca para perras hippies como yo. Al final del proceso, acabé con dos moñitos un poco tirantes, que me obligaban más bien a echar la cabeza para atrás. Todo sea por estar guapa... ¡qué esclavitud ésta! Si yo fuera perro seguro que no me darían tanto la tabarra... y todo para qué, para estar debajo de la mesa pendiente de lo que cayera o me echaran algún corazón enternecido, "toma Quequi, que es Reyes". En fin, no sigo, que me da sentimiento el recordarlo. Guau.



domingo, 8 de enero de 2012

COMERSE UN ROSCÓN












Los amigos de JM se metían con él diciéndole que no se comía un rosco, y yo me he visto sin poder comerme un roscón... de reyes. Todo no fue malo, sin embargo, pues pude estar en casa de V. cuando vinieron todos el día de reyes cargados de paquetes, sonrisas, y los roscos de marras. Aunque como veis, hay también reyes perrunos, a mí no me cayeron muchos regalos; sólo JM (al que L. le hizo un regalo para que se acordara de mí) me trajo unas golosinas en forma de hueso, que dejé arrumbadas en un rincón, pues lo que me interesaba era estar bajo la mesa a ver si pillaba algo que cayera o me dejaran caer. Así, acabe hasta con un trozo de tocino de jamón pegado en el pelo, por "agonía". Los roscos los olí intensamente, analizando sus componentes: los hubo de crema y chocolate, aunque no caté ni las migas. No creo, sin embargo, que supieran mejor que el jamón que probé, o el trocito que pillé de las ricas empanadillas valleucanas que trajo F., mientras esquivaba a la gente para que no me pisara, ¡que hay algunos que se vuelven como niños! Guau.