SEMANARIO DE HUMOR CANINO INTERMITENTE

Imagen: Thurston Hopkins

domingo, 27 de marzo de 2011

VOX CLAMANTIS IN DESERTO


Perdonadme que me ponga un poco solemne, pero hay cosas que me resultan muy chocantes. En uno de mis paseítos con JM encontramos en una calle de su antiguo barrio el objeto que veis. Me quedé parada un momento pues nunca he visto por la ciudad algo así. Pensé en un primer momento en los buzones que hay en las casas de JM o V, pero hubo dos hechos que me hicieron descartar esta idea: primero, que el presunto buzón no tiene el nombre del perro, por lo que difícilmente iban a llegarle las cartas; y, segundo, por que no sé quién iba a escribirles cartas a un perro, cuando ni siquiera yo recibo mails. Ya luego se me ocurrió otra hipótesis: era una especie de papelera para echar las caquitas de perro. Aunque también tuve que descartarla: pues, en primer lugar, da pena echar las cositas en un cacharro tan bien diseñado y aparente, y, además, ¿por qué hay sólo uno en toda la Ciudad? ¿Espera acaso el Ayuntamiento que vengan hasta esta calle secundaria del centro todos los perros de Cádiz con sus dueños, a los que se les iba a calentar por el camino la mano con la bolsa de las cositas, que deja además en ella un olor poco agradable? Como esto me parecía absurdo, he llegado a la conclusión de que el objeto se trata en realidad de un monumento a El Perro Desconocido y a El Dueño Concienciado, como ejemplo para todos los guarros que andan por ahí. Guau.

sábado, 19 de marzo de 2011

SUPERENVIDIA COCHINA: TENTEMPIÉ BELGA






Estoy estos días más sensible de lo habitual, pues estoy pasando lo que JM llama "el periodo de las perritas", y al ver una de las fotos que hizo éste en su viaje a Bélgica me he puesto particularmente nerviosa: no hay derecho, no señor. Éste parece que es un plato típico de ese país de pecado: las patatas fritas (les frites) que acompañan a cualquier cosa. JM dice que las probó en un local de comida rápida, y que no les parecieron distintas a las de aquí (allí al parecer les dan dos baños distintos de aceite, y eso les da un gusto peculiar, aunque es verdad que JM dice que no tuvo tiempo de probarlas en más sitios). A mí personalmente no me importaría mucho la diferencia: no me importaría sinceramente, si pudiera meter mi hociquito en la bandeja y que desbordaran algunas fuera mientras las comía; no me importaría que me cayera su grasita por el morro, y atragantarme con esos rulitos de carne ligeramente picante que se ven al lado ¡qué más me daría, si pudiera metérmelos en el buche! Ya los iría masticando poco a poco... sin regarlos con la cerveza local. En fin, para qué seguir...¡qué vida perra! Guau.

sábado, 12 de marzo de 2011

CARNAVAL: DAÑOS COLATERALES









Observo que el carnaval también está causando estragos este año. Aquí veis a este buen señor, que ha perdido la cabeza (lo que tampoco debe extrañar mucho durante estas fiestas). Mi espíritu de sabueso me ha hecho pensar asimismo en la posibilidad de que el Ninja que apunta a la izquierda de la foto haya tenido que ver en el asunto. En todo caso, el descabezado parecía cansado (no lo entiendo pues ya no lleva peso sobre los hombros), y se había buscado una silla; e imagino que debido a su minusvalía se había puesto a pedir limosna. De hecho, se ponía muy contento y aplaudía cuando alguien le echaba unas monedas (¿cómo se daría cuenta?). En fin, cosas de humanos.

Me parece también preocupante el hecho de que, durante mis paseítos de estos días, he visto a probas enfermeras y policías (aunque bastante jóvenes; deben ser las primeras de su promoción) agacharse detrás de coches para hacer una burda imitación de lo que yo hago, ya sabéis, tal que así:


Y me ha sorprendido además verlas hacerlo en el mismo sitio donde antes se había puesto a hacer lo mismo un presidiario con su traje de rayas y todo, o algún pirata (ya han vuelto a Cádiz, ¡temblad meones del Callejón de los Piratas!), aunque en su caso, de pie. Me inquieta esta falta de compostura, que creo que sería impensable en los japoneses afectados por el maremoto o tsunami. He llegado, pues, a la conclusión de que los humanos se vuelven locos en Carnaval, y que llegan a sufrir incluso extrañas mutaciones. Este año, por ejemplo, he sufrido un déjà vu al volver a encontrarme con un grupo de hombres-pollo en la puerta de mismo supermercado que el año pasado. Serán, quizás, unos PDA, Pollos Damnificados por Avecrem, que harán allí su convención anual.
Sólo espero que vuelvan pronto las aguas a su cauce (incluidas las menores), y que en mis paseítos sólo olisquee las de mis congéneres, que para eso están, digo yo. Guau.

sábado, 5 de marzo de 2011

REFLEXIONES ANTE UN RATÓN












Es curioso esto del ratón; yo no lo suelo usar porque se me resbala de la manita, y prefiero el deslizador que está bajo el teclado. Puedo entender así, quizás, por qué no encuentro blogs de gatos, y sí de perros. Aquéllos deben estar muy mosqueados de sólo ver el ratón, y se liarían a arañar por todas partes, con lo que las entradas les quedarían hechas unos zorros.



Ha empezado con frío este carnaval; ayer me quiso sacar de paseo JM, y me puse a temblar como un flan cuando me puso la correa, de modo que renunció al empeño. Hoy, en cambio, sí me ha sacado (con resistencia por mi parte), y ya he comenzado a encontrarme con las típicas estampas carnavalescas: la guiri con peluca roja que dice "terrible" con un acento nasal de Arkansas que tira de espaldas, unas chicas vestidas con traje negro de noche y un casco de albañil amarillo (¿será eso lo que entenderán por tomar precauciones?), un astronauta que entra en un supermercado (¿le harán servicio a domicilio?), una chica con una bata y colorete, que me dejó dudando si iba disfrazada o a comprar a la tienda vestida como hacen algunas señoras del barrio, y, en fin, un conjunto de adefesios multicolores, que le buscarían otra ruina a John Galliano si éste llegara a verlos.
Respecto a los consejos que daba en mi última entrada, he descubierto que tengo una alumna aventajada: Olimpia. Aquí se la ve siguiendo mis enseñanzas:















Aunque ella no puede ponerse a dos patas, ¡pesa 38 k.! Aun así, qué envidia me das, amiga, ¡con la de cosas ricas que había en la mesa! ¡A ver cuando me llevas, JM!